Te volviste a meter en el papel, nuevo, corta cada vez más y no entiendo nada de lo que el pedazo desglosa en su haber. Y te pinto, y te pito, y no apareces, y mis ideas se estrujan. Y la música suena, inunda; corrompiendo cada segundo de paz. Tu incertidumbre me alcanzó. La grosería no me deja sentir. Remordimiento aleatorio en una oración. Tu flagelación. Esbozo de delirio.
Al precipicio, de espalda, me solté de la seguridad: el barandal se ve más y más pequeño. Aunque todo se acelera, parece crecer. Te rompí. Mi silueta desmoronándose en las partituras de tu recital.
Valla afán, valla con él. Y me vuelve a desorientar la incongruencia de mi caminata nocturna, menos prófugo.
Volvieron los discapacitados a andar por estos lugares. Necesitaré tu resfriado enternecedor y apagaré la nostalgia del ayer con gises de color.
A la pared con agua fría, girando por la derecha hasta el centro, centrifugo. ¿En que se parece a lo que pasó? Que será incluso que de verdad son lo de menos entre nosotros, la devoción me llevó a corromperme… si lo recuerdo. Te corrompí, ya estaba decepcionado antes de conocerte, te reclamo en vano.
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